

¿Qué implica
que un perro o gato tenga mal aliento? A veces significa que el animal tiene
problemas de acumulación de sarro o inflamación de encías. En estos casos,
conviene no pasarlo por alto y tomar medidas, como una revisión o una limpieza
bucodental a fondo, para evitar que deriven en consecuencias más graves, como
la pérdida de dientes o la dificultad para comer debido al dolor. “A partir
de los tres años del animal puede haber problemas en las encías por la
acumulación de placa bacteriana. En casos extremos, la sangre puede verse
afectada y llegar a órganos vitales como el corazón, los riñones o el hígado”,
advirtió Elisenda Saperas, veterinaria de Purina
España.
Pero, ¿funciona igual la boca de un can que la de un felino? “Hay diferencias importantes, porque en el caso de los perros, sobre todo de razas pequeñas, acumulan más sarro y tienen más riesgo de tener problemas en las encías. Por su parte, los gatos tienden a tener gingivitis (inflamación de encías) o estomatitis (inflamación de la mucosa de la boca)”, asegura Saperas. De hecho, hay una afección crónica específica de felinos que tiene que ver con las defensas del cuerpo.
“La gingivoestomatitis crónica felina provoca que el
sistema inmune reaccione de forma agresiva contra la propia placa dental y afecta
a la boca y la faringe. En este caso, los gatos no comen, maúllan,
adelgazan mucho y salivan, lo que, en ocasiones, requiere incluso la
extracción de piezas dentales”, explica Juan Antonio Aguado, veterinario y
profesor de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid.
También
existen diferencias entre las necesidades bucales humanas y las de los perros y
gatos: “Los animales no precisan tantos cepillados como las personas. Se
pueden hacer una vez al día o cada dos”, asegura Manuel Lázaro, miembro de
la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, a la vez
que hace hincapié en la importancia de que determinados tratamientos estén en
manos de especialistas: “Las limpiezas orales en profundidad precisan no
solo quitar el sarro, sino también emplear ultrasonidos, evaluar todas las
piezas o pulirlas, para lo cual se precisa anestesia”, detalla el
especialista.
Conviene
comenzar con la limpieza de la boca de las mascotas a una edad temprana para
que el animal lo integre cuanto antes de forma gradual: “El momento es tras
la muda de los dientes, cuando la dentadura está completa, sobre los seis meses
de edad o incluso antes”, aconseja Lázaro.
La higiene adecuada
de la boca del animal es la mejor manera de prevenir afecciones orales. “Tiene
que hacerse con pastas dentales específicas para mascotas, que no contienen
flúor ni xilitol, ya que son tóxicos para ellos, y con sabores que les resulten
agradables”, señala Aguado. “El cepillado dental debe ser regular, lo
ideal es que se haga a diario o varias veces por semana”, retoma Saperas.
De esta manera, se consigue que el animal se familiarice y acepte la
limpieza de los dientes como una rutina.
Según
Saperas, se requiere paciencia e insistencia para conseguirlo de forma
progresiva: “Se puede empezar acostumbrándole al contacto en la boca sin
usar cepillo y más adelante introducir la pasta dental, para después añadir
un dedal específico o un cepillo suave”.
Lo
contraproducente, según la veterinaria, es forzar la adaptación a la
manipulación de la boca. Por eso, lo mejor es que el perro y el gato lo
asocien con una experiencia positiva. “Hay que crear un ambiente tranquilo
y comenzar con sesiones breves”, añade. “En los casos en los que el cepillado
no es posible, es importante apoyarse en alternativas como dietas que
favorecen la limpieza de la dentadura, snacks específicos o productos
complementarios, siempre bajo el asesoramiento de un veterinario, para
asegurar un cuidado bucodental lo más completo posible”, aconseja.
“Hay
alimentos específicos para mantener la salud dental, porque tienen una textura
y formulación que ayuda a reducir la acumulación de placa y sarro con la
masticación. También existen productos que se disuelven en el agua o
juguetes dentales que favorecen la eliminación del sarro”, agregó.
Además de la halitosis, hay otras señales que alertan de la mala salud bucodental de los animales y que precisan la atención de un especialista. “La presencia de sarro, tener dificultades para masticar o el sangrado”, enumera Lázaro. “El mal estado de la boca también provoca el enrojecimiento de las encías, el exceso de salivación, a veces con sangre, así como flemones”, asegura Aguado. “También pueden rechazar el alimento; van al plato, huelen la comida, pero no comen porque les produce dolor. Además, pueden estar irritables por las molestias y frotarse la cara por el dolor de encías”, añadió el experto.