

Para la mayoría de las personas sanas (y especialmente para los niños pequeños), el
cambio en el aire provocado por los perros es beneficioso. Una
investigación liderada por la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL),
una de las principales universidades de Suiza, midió por primera vez de
forma precisa qué gases, partículas y microorganismos emiten los perros dentro
de los hogares.
Los resultados confirman que convivir con un perro
cambia la calidad del aire del interior. No es algo negativo, pero el impacto exacto en la salud depende de
cada persona y aún no está completamente esclarecido.
El equipo
suizo utilizó una cámara ambiental controlada en la ciudad de Friburgo para
medir con precisión qué ocurre cuando hay perros en la habitación y cómo varía
el aire según su tamaño y actividad.

Hasta ahora, estaba
relativamente bien estudiada la incidencia del humano en el aire, pero la de
los perros, no. El trabajo aporta datos para entender de dónde proceden
ciertos contaminantes presentes en el interior de los hogares, cómo se
distribuyen y cómo combatirlos. Convivir con un perro no solo transforma
nuestras rutinas y vínculos afectivos, también modifica, de forma invisible
pero cuantificable, el aire que respiramos cada día en casa.
Los perros generan una suerte de entrenamiento
inmunológico. Vivir en ambientes “demasiado
limpios” debilita nuestro sistema inmune. Los microbios que el perro trae en
sus patas y pelaje obligan al cuerpo a mantenerse alerta y maduro. Esto
genera una reducción de alergias futuras probadas en estudios que fijaron que los
bebés que crecen en casas con perros tienen menos probabilidades de desarrollar
dermatitis atópica y sibilancias alérgicas a los 7 años.
Los riesgos reales de un aire cargado por un perro tiene escenarios específicos. Para las personas con asma o alergias crónicas desarrolladas, el aire de una casa con un perro es como tener un ataque constante a sus vías respiratorias, causando inflamación crónica de los bronquios. Los perros levantan polvo y sueltan caspa y, lógicamente, eso también afecta y negativamente, pero siempre y cuando la casa no sea ventilada. A largo plazo, respirar altas concentraciones de material particulado puede causar fatiga y dolores de cabeza.

