

Los perros suelen expresar malestar de maneras
sutiles que pueden pasar desapercibidas en la rutina diaria. Un cambio en el aliento, una alteración en
las deposiciones o una respiración más ruidosa de lo habitual pueden parecer
situaciones menores, pero en algunos casos funcionan como indicadores
tempranos de problemas de salud que requieren atención veterinaria.
Identificar esas señales a tiempo puede marcar una
diferencia importante. Según
explicó el veterinario Dan O’Neill, muchos trastornos no se manifiestan
mediante síntomas que el animal pueda comunicar de forma directa, sino a
través de comportamientos o cambios físicos observables por sus cuidadores.
“Los perros no tienen síntomas en el sentido humano. Tienen lo que llamamos
signos clínicos. No pueden decirte que les duele la oreja, que se sienten
mal o que tienen dificultad para respirar. Simplemente te lo muestran”,
señaló O’Neill a The Telegraph.
El
especialista remarcó que la función principal de quienes conviven con
mascotas no consiste en diagnosticar enfermedades, sino en detectar señales
tempranas.

1) Mal aliento persistente. El mal aliento suele asociarse al
envejecimiento, aunque puede estar relacionado con afecciones más importantes.
O’Neill indicó que una de las causas más frecuentes es la enfermedad
periodontal, provocada por la acumulación de bacterias que afectan las
encías y las estructuras que sostienen los dientes. El especialista
advirtió que la halitosis también puede estar vinculada con problemas renales
y, en casos poco frecuentes, con ciertos tipos de cáncer. Ante la presencia
de este signo, recomendó consultar al veterinario para descartar afecciones
de mayor gravedad.
2) Arrastrar el cuerpo por el suelo. Cuando un perro desliza la zona trasera
sobre alfombras o superficies, el comportamiento suele interpretarse como algo
llamativo o incluso gracioso. Sin embargo, puede indicar trastornos en las
glándulas anales. Estas estructuras normalmente se vacían durante la
defecación, aunque pueden obstruirse, inflamarse o infectarse. También
existe la posibilidad de que el problema esté asociado con parásitos,
afecciones cutáneas u otras molestias. La consulta veterinaria resulta
especialmente importante si el comportamiento se repite o aparece junto con
lamido excesivo, mal olor o dificultades para sentarse.
3) Diarrea que no desaparece. Las heces líquidas son relativamente
frecuentes en los perros debido a sus hábitos alimentarios. Sin embargo,
cuando el cuadro persiste más de

4) Ojos llorosos o entrecerrados. El lagrimeo constante, la inflamación ocular
o el hábito de mantener los ojos parcialmente cerrados pueden indicar molestias
importantes. Entre las posibles causas aparecen la conjuntivitis, las
úlceras, las infecciones, las alergias, lesiones o problemas anatómicos propios
de determinadas razas. Según O’Neill, la salud ocular puede deteriorarse
rápidamente si no se actúa a tiempo. Por ese motivo, recomendó no considerar
el lagrimeo crónico como una característica normal y buscar atención
profesional ante cualquier cambio persistente.
5) Incremento excesivo de peso. La obesidad canina figura entre los
problemas más frecuentes observados por los veterinarios. El exceso de grasa
corporal se relaciona con una menor calidad de vida y con enfermedades como
osteoartritis, diabetes y trastornos respiratorios. El especialista explicó
que muchos propietarios utilizan la comida como una demostración de afecto. “La
comida es una forma sencilla de demostrar amor”, afirmó. Para controlar el
peso, recomendó evaluar periódicamente la condición corporal del animal y
reemplazar parte de los premios alimentarios por paseos, juegos o actividades
de entrenamiento.
6) Respiración ruidosa. Los ronquidos, jadeos intensos, resoplidos o sonidos respiratorios
notorios durante el descanso pueden ser señales del síndrome obstructivo de las
vías respiratorias braquicefálicas (BOAS), especialmente frecuente en perros
de hocico corto. O’Neill cuestionó la normalización de estos sonidos en
ciertas razas. “La respiración ruidosa en reposo nunca debe considerarse
normal”, sostuvo. El problema puede originarse por fosas nasales estrechas,
obstrucciones en las vías respiratorias o un paladar blando demasiado largo.
El sobrepeso también agrava la situación.
7) Orejas caídas, sacudidas o sensibilidad. Las alteraciones en los oídos representan otro motivo frecuente de consulta. Sacudir constantemente la cabeza, inclinarla hacia un lado, mostrar sensibilidad al tacto o presentar mal olor pueden indicar inflamación o infección. Los conductos auditivos de los perros son largos y, cuando se inflaman, la ventilación disminuye y aumenta la humedad, favoreciendo la aparición de complicaciones. Las alergias, las infecciones bacterianas o fúngicas, los parásitos y la presencia de cuerpos extraños figuran entre las causas más habituales. Ante cualquier señal persistente, el especialista recomendó acudir al veterinario para evitar daños más severos en el oído.

