Desde la medicina tradicional hasta los laboratorios
modernos, el aloe vera mantiene una posición destacada en el campo del cuidado
facial. Su popularidad internacional se apoya en una serie de investigaciones
biomédicas que abordan sus efectos en la hidratación, reparación y protección
cutánea.
Diversos ensayos y revisiones científicas exploran el
alcance real de este recurso vegetal, evaluado actualmente bajo los estándares
de eficacia y seguridad que exige la dermatología contemporánea.
La especie más estudiada para aplicaciones cutáneas es Aloe
barbadensis Miller. Sus hojas almacenan un gel rico en polisacáridos,
vitaminas, minerales, enzimas y aminoácidos. Según una publicación del
International Journal of Medicine, tanto el gel interno como la cáscara
exterior de la planta exhiben propiedades biológicas de interés.
A pesar de su extensa tradición, la utilización casera de
aloe vera recién extraído de la planta no cuenta con aval científico,
principalmente por cuestiones higiénicas y de seguridad.
De acuerdo con referencias de la National Library of
Medicine de Estados Unidos, el procedimiento directo implica riesgos
potenciales de contaminación microbiana y exposición a compuestos irritantes,
como los antraquinónicos presentes en la savia amarilla de la cáscara.