

Un
experimento con 40 perros domésticos puso a prueba la idea de que los perros
reconocen a las personas buenas y a las malas. En términos generales, los animales no se inclinaron de manera clara
hacia quien había sido generoso con ellos.
Los perros tenían entre uno y 12 años y los
investigadores querían saber si distinguían a alguien generoso de alguien
egoísta. También buscaban comprobar si
los animales armaban una especie de reputación de los humanos a partir de lo
que vivían con ellos.
Dos personas actuaron de forma opuesta frente a los animales. Una les daba comida con trato amistoso y la otra les mostraba el alimento, pero lo negaba y se comportaba de manera hostil. Después, cada perro debía elegir a cuál acercarse; los investigadores registraron la primera elección y cuánto tiempo pasaba el animal en interacción amistosa con cada participante.

Ni siquiera los perros que habían vivido en carne propia el comportamiento de ambas personas optaron de manera sistemática por quien les dio comida. La edad no cambió el panorama: los perros jóvenes, adultos y mayores se comportaron de forma parecida.
Sólo
tres de los 40 animales mostraron una preferencia estadísticamente
significativa en la prueba directa: dos eligieron a la persona generosa y uno, con más frecuencia, a la
egoísta. Eso no alcanzó para demostrar
que los perros clasificaran a los participantes como buenos o malos. Además,
los investigadores recordaron que hay estudios previos con resultados
diferentes.
Una posible explicación es que los perros necesiten más interacciones para detectar patrones de conducta. La comida pudo haber atraído la atención de los animales más que la persona que la ofrecía o la negaba. También se dijo que varios perros prefirieron un lado del espacio sin importar quién estuviera allí, y los investigadores consideraron que factores como la sombra pudieron influir.
