

Los perros
tienen distintas formas de comunicarse y demostrar sus emociones. Entre todas ellas, se destaca un
comportamiento que puede aparecer durante los juegos, cuando buscan llamar la atención o mientras comparten un momento de
afecto con sus dueños.
Se trata de los mordiscos suaves, un gesto que no siempre es sinónimo de
agresividad. El significado de esta acción depende del contexto y el
lenguaje corporal del animal. El veterinario Pancho Cavero explicó que este
gesto puede ser una forma de comunicación entre los perros y las personas. Por eso, para entender qué expresa una
mascota, es importante observar cómo se comporta antes, durante y después de la
mordida.
Para identificar qué busca expresar el animal, es importante prestar atención a la
situación en la que ocurre y a las señales que transmite con el cuerpo. Los
mordiscos suaves pueden indicar:
- Afecto
y vínculo: algunos perros
mordisquean suavemente a las personas con las que tienen confianza como parte
de sus interacciones cotidianas.
- Ganas
de jugar: pueden utilizar la
boca para iniciar un juego, especialmente cuando están excitados o tienen
energía acumulada.
- Búsqueda
de atención: si el perro
quiere que lo acaricien o interactúen con él, puede recurrir a pequeños
mordiscos para conseguir una respuesta.
- Exploración
del entorno: en los cachorros,
morder es una conducta habitual que les permite conocer objetos, texturas y
estímulos.
- Aprendizaje
social: durante las primeras
semanas de vida, los perros juegan y se mordisquean entre ellos. Estas
interacciones los ayudan a aprender a controlar la fuerza de la mordida.
No
todos los mordiscos suaves tienen el mismo significado. Para interpretar el comportamiento, conviene observar el cuerpo completo del
perro y no quedarse únicamente con el movimiento de la boca:
- Cuerpo
relajado y movimientos suaves:
pueden acompañar una interacción de juego o contacto amistoso.
- Postura
rígida: puede indicar tensión
o incomodidad, por lo que es mejor detener la interacción.
- Intentos
de alejarse: si el perro se
aparta o evita el contacto, conviene respetar su espacio.
- Mordidas
cada vez más intensas: si
aumenta la fuerza o el animal parece alterado, es recomendable interrumpir el
juego y darle tiempo para calmarse.
La clave es no interpretar automáticamente cualquier mordisco como una demostración
de cariño.
Cuando un perro utiliza la boca durante el
juego, es importante enseñarle qué conductas
son apropiadas y evitar que las manos se conviertan en su juguete habitual.
Para eso, es necesario:
- Ofrecer
juguetes adecuados: los
mordedores, las cuerdas y los juguetes resistentes permiten canalizar la
necesidad de masticar
- Interrumpir
el juego si muerde demasiado fuerte: detener la interacción ayuda a marcar un límite sin recurrir a castigos
físicos
- Evitar
las reprimendas: los gritos o
los castigos pueden aumentar la excitación o generar miedo
- Reforzar
las conductas tranquilas:
premiar al perro cuando juega sin lastimar ayuda a enseñarle qué comportamiento
se espera de él
- Respetar
sus momentos de descanso: si
muestra señales de incomodidad, lo mejor es darle espacio y no insistir con las
caricias
En los cachorros, la dentición también puede aumentar las ganas de morder. Durante
esta etapa, los juguetes apropiados
pueden aliviar las molestias y evitar que descarguen esa necesidad sobre las
manos o los objetos de la casa.
Si las mordidas se vuelven frecuentes, aumentan de intensidad o resulta difícil
identificar qué las provoca, un veterinario con formación en comportamiento
animal o un educador canino cualificado puede ayudar a evaluar la situación.
