

Con una puntualidad quirúrgica, a las 21:00 Los Fabulosos Cadillacs subieron al escenario del Dow Center para comenzar lo que serían dos horas de una clase magistral de música y solvencia escénica demostrando que sigue más vigentes que nunca.

La intro de SRF Astral para que la banda vaya acomodándose y esperar al frontman, Vicentico, que hizo su aparición con un camperón del club de sus amores, San Lorenzo y el clásico bastón para completar la formación y soltar el primer clásico: "El Genio del Dub".
Flavio dibujándose una cresta con sus manos y una versión ultra punk de "Mi novia se cayó a un pozo ciego" y pegarle "Manuel Santillán, el león" y "Santa Carmela", en una triada de piñas al mentón, Los Cadillacs estaban de vuelta, gozando de buena salud.

Apenas algunos decibeles menos para "La Vida" y sumarle dos de los más coreados en toda la noche como "Demasiada Presión" y "Contrabando de Amor", en lo que ya para esa hora era un viaje a la nostalgia de un público cuarenti cincuenti que no paraba de cantar esas canciones que habían saltado en cualquier boliche de la ciudad en la década de los 90s.
"Piazzolla", una versión colaborativa con el público de "Calaveras y Diablitos", y las experimentales "Cj" y "Condenaditos" para tomar un poco de aire y el primer contacto de Vicentico con los presentes, saludando, recordando tantos sin vernos y decir que el destino los trajo a Bahía para comenzar su gira nacional.

Casi sabiendo de la franja etaria asistente, el show iba subiendo y bajando, dando descansos. Llegó la cumbia con la versión made in Pablo Lescano de "Padre Nuestro", la potencia de "V Centenario" y "Destino de Paria" y "Saco Azul" para una sentida versión de "Siguiendo la luna", reflejando rostros de emoción en varias de las 4000 almas que explotaron el Dow Center.
Llegaba la fiesta con "Carnaval toda la vida" para sumarle un momento de altísima factura musical con "Mal Bicho" y el falso final de la mano del "Satánico Dr Cadillac" con despedida y agradecimientos para reclamar el "No nos vamos nada...", sabiendo que algo faltaba, todos sabíamos que algo faltaba.

Los bises trajeron al combo percusivo de Astor Cianciarullo y Nando Ricciardi para jugar un rato y dar paso a "Matador", tal vez el hit más global de la historia de la banda y una sensible versión de "Vasos Vacíos" que tuvo a Vicentico muy cerca de su hijo Florián, quien se encargo de algunas estrofas demostrando que lo que se hereda no se roba.
El cierre fue con "Yo no me sentaría a tu mesa", en plan fiesta, con Vicentico tomando el bajo, Flavio y su máscara de luchador mexicano arengando y el público repitiendo una y otra vez "Oh oh oh oh oh oh".
La fiesta terminó, dos horas exactas de saltos y memoria emotiva, un pequeño viaje a lo que fuimos con el respeto de una banda que se toma en serio esto de estar vigentes, mezclando la frescura de las nuevas generaciones con héroes de nuestra canción haciendo lo que saben. La fórmula está intacta, los Cadillacs siguen tocando para vos.
