

La otitis externa es uno de los problemas de salud
más comunes en los perros y representa una de las consultas más frecuentes en
veterinarias de Argentina. Según
datos difundidos por especialistas en salud animal, uno de cada siete perros
padece esta afección, que puede provocar dolor, inflamación e incluso
complicaciones auditivas cuando no recibe tratamiento adecuado.
Aunque suele
comenzar con síntomas leves, los veterinarios advierten que la detección
temprana es clave para evitar cuadros más complejos. Además, se trata de
una enfermedad con alta tasa de recurrencia: uno de cada cuatro perros que la
padecen volverá a presentarla al menos una vez durante su vida.
La otitis externa consiste en una inflamación del
canal auditivo que puede afectar uno o ambos oídos. Si bien puede aparecer en cualquier perro, algunos animales presentan
mayor predisposición, especialmente aquellos con orejas caídas, alergias
cutáneas, piel sensible o que tienen contacto frecuente con el agua.
A diferencia
de las personas, los perros no pueden comunicar el dolor que sienten.
Por eso, los cambios de comportamiento suelen ser el principal indicador de
que algo ocurre. Walter Comas, médico veterinario y director de la Unidad
de Negocios de Animales de Compañía de MSD Salud Animal, explicó que existen
varias señales de alerta que los dueños deben observar:
- Rascado
constante de las orejas.
- Sacudidas
repetidas de la cabeza.
- Mal olor en
los oídos.
- Presencia
de secreciones.
También pueden observarse enrojecimiento,
sensibilidad al tacto, irritabilidad o molestias cuando se intenta limpiar la
zona afectada. En los cuadros más
avanzados, la enfermedad puede generar pérdida parcial de audición o una
inclinación permanente de la cabeza.
Los
especialistas advierten que la otitis no tratada puede transformarse en un
problema crónico. Cuando la inflamación persiste, aumentan las
probabilidades de infecciones recurrentes y de que el cuadro se extienda hacia
el oído medio o interno.
Esto puede provocar alteraciones del equilibrio,
dificultades auditivas y una disminución significativa de la calidad de vida
del animal. Además, en
aproximadamente el 80% de los casos intervienen varios microorganismos al mismo
tiempo, entre bacterias y hongos, lo que vuelve más complejo el tratamiento.
Ante la
sospecha de una otitis, la recomendación es acudir al veterinario lo antes
posible. El profesional suele realizar una observación del canal auditivo
mediante un otoscopio y, cuando es necesario, solicitar estudios
complementarios para identificar los microorganismos involucrados.
El objetivo es definir el tratamiento más adecuado para cada caso y evitar que la enfermedad avance: “Si no se trata a tiempo, la otitis puede pasar de ser una molestia leve a convertirse en un problema persistente con consecuencias importantes para el bienestar del perro”, señaló Comas.