

Por Rubén García: @ruben.garcia76
Más una década tardó su enfermedad en roerlo, en terminar de carcomerlo, un bravo muchachito que no iba a dejar que cualquier Míster se lo lleve tan rápidamente. Un tipo que pregonaba estar de un lado de la vereda o del otro, casi como declaración de principios, siempre quería saber de que lado de la mecha te encontrabas.
Un distinto que podía ser discutido del escenario para afuera y a él nunca pareció importarle porque le bastaba con las letras, a las que le ponía melodías, para contestar, con los puños en alto, haciendo la verdadera revolución, desde la música.
Se fue otro de los grandes ídolos de varias generaciones, al que le gente lo seguía de manera masiva y multitudinaria a veces hasta sin saber bien porque, como si fuera un gran flautista de Hamelin atrayendo a personas de todas las edades y estratos sociales.
Cantando se apagó, como él quería, participando activamente de cada una de las decisiones que su banda, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, tomaba. Apareciendo en las pantallas, omnipresente y alimentando la ilusión de quienes querían verlo arriba de las tablas aunque sea una sola vez más, ahí parado, destilando aura.
En alguna columna escrita hace un tiempo en esta misma web me preocupaba y titulaba "Nos estamos quedando sin héroes", y si bien Indio había perdido algunos superpoderes últimamente, que siguiera respirando el mismo aire que nosotros le seguía imprimiendo una épica ganada a fuerza de canciones y lírica. Allá se fue uno más, vuelta alto bravo muchachito.
