

El interés por mantener la salud y la autonomía física a
medida que avanza la edad ha tomado fuerza, sobre todo en mujeres adultas.
Diversos especialistas y organizaciones internacionales señalan que la práctica
regular de actividad física es clave para prolongar la vida activa, prevenir
lesiones y mejorar la calidad de vida a largo plazo. Fortalecer la fuerza
muscular, el equilibrio y la movilidad resulta fundamental para preservar la
independencia funcional durante la vejez.
El entrenamiento de fuerza, junto con actividades que
desarrollen el equilibrio y la movilidad, es esencial para mantener la
capacidad física y evitar la dependencia en las actividades cotidianas.
La sentadilla en silla ayuda a fortalecer las piernas y los
glúteos, facilitando las acciones cotidianas como sentarse, levantarse y subir
escaleras. Además, mejora la movilidad de caderas y rodillas y permite moverse
con mayor fluidez.
Las flexiones inclinadas fortalecen la parte superior del
cuerpo —hombros, brazos y pecho— y contribuyen a la movilidad de la columna y
los hombros. Su realización regular combate la pérdida de fuerza que suele
ocurrir con el envejecimiento.
Mientras que el puente de cadera con marcha fortalece la
espalda baja, los glúteos y los isquiotibiales. Mejora la movilidad de las
caderas y la estabilidad de la pelvis, aspectos necesarios para caminar y
sostenerse en pie durante tiempo prolongado.