

A pesar de tener menos capacidad para diferenciar sabores en
las comidas, y en contra de lo que muchos piensan, los perros sí distinguen sabores. Existen diferentes opiniones,
pero parece que todas coinciden en que el dulce, el amargo y el ácido son
sabores que el perro puede distinguir, pero el salado les resulta difícil de
asimilar. Parece lógico ya que en su evolución los perros han sido carnívoros
por instinto, lo que ha hecho que hayan consumido una cantidad de sal
suficiente en su dieta cárnica y no hayan necesitado desarrollar las papilas
encargadas de detectar ese sabor.
Por todo ello, los perros tienen gusto pero no degustan los
alimentos como nosotros los humanos; y dado que el sentido del gusto está poco
desarrollado, no será preciso introducir variaciones frecuentes en su menú.
Pero será su experiencia durante la primera época de la vida como cachorro la
que influirá enormemente. Se ha observado que aquellos que han probado
diferentes sabores y texturas desde muy jóvenes tienden a aceptar mejor la
variedad de alimentos al llegar a adultos. Algunos llegan incluso a aceptar
sabores fuertes, como verduras y hortalizas, y en cambio otros se niegan con
insistencia a variar en su dieta diaria.
¿Cómo disfrutan de la comida los perros?
Lo que hace que disfruten y les atraiga una comida es su
extremadamente desarrollado sentido del olfato. De ahí que la industria de
alimentos para perros ponga énfasis en los olores fuertes para la elaboración
de sus productos. Si queremos conseguir que nuestro perro se sienta atraído por
la dieta que le preparamos, tendremos
que vigilar sobre todo en los aromas de la comida y descubrir cuáles son sus
preferidos. Resulta evidente cuando el perro envejece y su sentido del
olfato se debilita, ocasionándole una pérdida de apetito ya que no es capaz de
oler los alimentos como antes.
Esta limitación en el gusto, frente a la fortaleza en el
olfato, puede esconder un riesgo elevado ya que el olor atractivo de un objeto
no comestible puede atraerle suficientemente como para llegar a ingerirlo, sin
que le preocupe el sabor del mismo. A
través de la ingesta de objetos o pequeños animales con olores atractivos,
nuestra mascota puede contagiarse de parásitos ocultos, como la Toxocara canis,
y desarrollar graves enfermedades. Además, las personas (especialmente los
niños) se pueden infectar por algunos de estos parásitos y conducir a signos
clínicos, a veces incluso, graves.
