

El 6 de noviembre de 2015, Gustavo Yankelevich se presentó ante la Actuaria del Poder Judicial de
la Provincia de Buenos Aires, en San Isidro, y prestó declaración testimonial
bajo juramento. Ratificó una denuncia previa y describió, con sus propias
palabras, cómo fue enterándose de a poco de que sus nietos Franco y Valentín
padecían golpes, tirones de pelo y arrastrones por las escaleras a manos de su
padre, Darío Giordano, según se supo el
domingo 11 de octubre de este año luego de la entrevista que brindó el piloto
de automovilismo.
Cinco semanas más tarde, el 14 de diciembre, su ex esposa Cris Morena se sentó ante la
misma Actuaria y prestó su propio testimonio, que también quedó asentado en el
expediente.
Según contó, todo empezó con un correo
electrónico. Marisa Brel, una conocida
de la familia, le escribió a Yankelevich para contarle que su hija había
quedado muy perturbada por algo que le había dicho Valentín -de 10 años en
ese momento-. El niño le había confesado que “quería irse con su mamá”, en
referencia a Romina Yankelevich, hija del declarante, fallecida años antes.
Ante esos dichos, según consta en la
declaración, Brel “le comentó al declarante su preocupación por la situación al
ver que su hija se hallaba sumamente angustiada por los dichos de su amigo”.
Esa frase, dicha por un nene de 10 años que no tenía otra forma de expresar lo que vivía, fue lo que impulsó a Yankelevich a radicar la denuncia. Los hechos denunciados, sin embargo, venían de mucho antes: desde 2012, según precisó.

Fue Franco, el mayor, quien tomó la iniciativa. Con 15 años, le pidió directamente mudarse con su abuelo. Poco después, Valentín hizo lo mismo. El más chico, además, atravesaba un período difícil: según declaró Yankelevich, “desde el año pasado ha tenido muchos problemas de conducta en el colegio y también le costó mucho el estudio”.
A medida que los chicos empezaron a pasar más
tiempo con él, el productor fue
acercando piezas que no había sabido leer antes. Él y Morena suponían que
lo que percibían desde afuera eran gritos propios de la disciplina parental. Se equivocaban. Según declaró ante la
Actuaria, fue tomando conocimiento de que “lo
que tanto él como su ex esposa Cris Morena pensaban que eran gritos y acciones
de autoridad desde Darío Giordano a sus hijos, habían sido también lesiones que
aquellos debieron padecer por parte del denunciado”.
Y fue más preciso: “no solo eran tirones de
pelo”, dijo, sino que Giordano los
agarraba de esa manera para “arrastrarlos por las escaleras de la casa en
sentido ascendente y descendente”. Las descripciones que los chicos le
fueron haciendo eran concretas y repetidas. Según declaró Yankelevich, sus
nietos le contaron que con su padre “siempre
eran gritos y tirones de pelo mientras los arrastraba por la casa, lo que los
atemorizaba incluso para que ellos pudieran pedir ayuda y contar lo que les
sucedía”.
Valentín, en particular, le dijo que “el padre les pegaba con la mano abierta”. Y Franco fue
aún más lejos: le relató que “en una ocasión su padre le había pegado tanto que
él sintió que se iba a desmayar”. Yankelevich
aclaró que nunca los vio físicamente lastimados, pero que los testimonios de
los propios chicos no dejaban lugar a dudas.
El cambio al mudarse con el abuelo fue notorio. Valentín mejoró sus notas y redujo los problemas de conducta. Y Franco, al que Yankelevich le preguntó directamente qué extrañaba de la vida con su padre, respondió que no extrañaba “nada”. El adolescente le aclaró que “era antes cuando extrañaba abrazos, besos y atención, pero ahora no extrañaba nada”.

