El dispositivo, denominado FDGD (Floating-induced Detection-Guided Disinfection), utiliza el movimiento para generar la energía que necesita para funcionar. El usuario debe agitar la cápsula durante unos tres segundos, lo que hace que un imán interno se desplace por una bobina de cobre y produzca electricidad mediante inducción electromagnética.
Esa energía permite activar un sensor que mide los sólidos disueltos totales (TDS) y un sistema Bluetooth que puede enviar información sobre la calidad del agua a un teléfono celular o reloj inteligente.
Una vez que el dispositivo determina que el nivel de TDS es adecuado, la cápsula se coloca a flotar dentro del recipiente. El movimiento del agua contra su superficie genera electricidad estática, que se concentra en unas nanovarillas de polipirrol ubicadas en el exterior.
Los campos eléctricos producidos provocan la electroporación, un proceso que daña las membranas de bacterias y virus. Según las pruebas realizadas por los investigadores, el dispositivo puede tratar un litro de agua en aproximadamente 30 minutos y eliminar el 99,9999% de patógenos como E. coli y distintos virus. Para cuatro litros, el proceso demanda unos 52 minutos.
El desarrollo también se destaca por su autonomía y bajo costo: los investigadores estiman que podría fabricarse por menos de 25 dólares y comprobaron que mantiene su eficacia durante al menos 120 ciclos de uso, equivalentes a cerca de 500 litros de agua tratada por unidad. Sin embargo, los científicos advierten que no se trata de una solución universal: el sensor de TDS no identifica contaminantes específicos como arsénico, mercurio, pesticidas o residuos industriales, por lo que la cápsula no puede convertir en potable un agua químicamente contaminada.
Aun con esa limitación, el dispositivo podría resultar especialmente útil en emergencias, desastres naturales y comunidades rurales sin acceso sencillo a sistemas convencionales de potabilización.