La crisis de Granja Tres Arroyos se profundizó con el despido de 255 trabajadores de su planta ubicada en Concepción del Uruguay, que cuenta con una dotación cercana a 700 empleados y permanece sin producción desde mayo.
La empresa notificó las cesantías y las encuadró en el artículo 247 de la Ley de Contrato de Trabajo, que contempla situaciones de falta o disminución de trabajo por causas no imputables al empleador. En los telegramas enviados al personal, la compañía sostuvo que atraviesa circunstancias extraordinarias y ajenas a su voluntad que afectaron de manera directa el desarrollo de su actividad.
Entre los principales motivos señalados por la firma aparecen las restricciones al comercio exterior provocadas por los brotes de influenza aviar registrados en el país desde 2023. Según explicó la empresa, esos episodios derivaron en el cierre o en nuevas limitaciones para ingresar a algunos de sus principales mercados internacionales, entre ellos China.
La reducción de las exportaciones generó una mayor cantidad de producción destinada al mercado interno, provocando una sobreoferta de pollo y una fuerte caída de los precios de comercialización.
A este escenario se sumó el incremento sostenido de los costos, que agravó la situación económica y financiera de la compañía. Granja Tres Arroyos también mencionó distintas contingencias operativas y conflictos colectivos que, según su planteo, afectaron el funcionamiento de sus plantas y redujeron los niveles de producción y faena.
La empresa atraviesa además una compleja situación financiera y negocia una reestructuración de deuda cercana a los 350 millones de dólares, mientras algunas de sus principales instalaciones permanecen paralizadas.