

La tercera entrega de la saga se centra en un conflicto emocional inédito para la lógica de los Holmes: Sherlock ve la sensibilidad de Enola como una debilidad imperdonable. Este choque psicológico obliga a la protagonista a mostrar una madurez superior a la de los filmes anteriores, alejándose un poco de la simple acción juvenil.

El dilema central de la trama es muy real y humano, a pesar de las libertades históricas que se toma la producción. Enola ama a Lord Tewkesbury, pero casarse con él representa un dilema existencial, ya que implicaría sacrificar su libertad y su carrera como detective para encajar en la aristocracia.
Las criticas radican en la actuación de Henry Cavill como Sherlock. Aunque el personaje funciona como el principal rival interno de Enola al sembrar dudas en su mente, se señala que el actor no logra convencer en este rol de héroe cerebral y frío.
