

El impacto cultural de Carlos Indio Solari en la identidad argentina excede por completo los límites de los escenarios, su influencia es mucho más que musical. Un tiempo antes de transformarse en el mito viviente del rock nacional al frente de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, el cantante canalizó sus inquietudes artísticas a través de la literatura, las artes plásticas y el cine experimental.
La máxima expresión de esta etapa formativa fue Ciclo de cielo sobre viento realizada en 1976, un largometraje en formato Super 8 dirigido por Guillermo Beilinson, hermano del icónico guitarrista Skay, y protagonizada por el propio Solari. Aunque la obra hoy se considera una pieza de culto perdida, de la cual solo sobreviven diez minutos rescatados en YouTube, su importancia histórica es fundacional. Se puede entender como una especie de génesis de los Redondos.
Fue allí donde el Indio y Skay compusieron juntos la banda sonora, iniciando sesiones de improvisación musical que se extendieron mucho más allá de la filmación y la producción tuvo un carácter marcadamente comunitario y nómade, dividiendo sus locaciones entre los paisajes de Valeria del Mar y el Pasaje Rodrigo en La Plata. Con un título inspirado en el milenario libro del I Ching, el proyecto sumó los esfuerzos de figuras clave de la futura cofradía ricotera, como La Negra Poli, a cargo del vestuario.
En sus memorias, Recuerdos que mienten un poco, Solari recordó con nostalgia aquellos años de aprendizaje intuitivo: “Jugábamos al cine con nuestros amigos actores, aprendíamos los rudimentos de la edición”, una frase que resume el espíritu autogestivo de un grupo de jóvenes que, sin saberlo, estaba a punto de cambiar la historia de la música argentina.