

Muchos
perros comen pasto de manera espontánea, generando dudas entre los dueños sobre
si este comportamiento es síntoma de un problema de salud o una costumbre del
animal. La mayoría de los
expertos coincide en que la ingesta de pasto no suele indicar una dolencia ni
requiere intervención inmediata, según lo documentado por Popular Science.
El
acto de comer pasto aparece en muchos perros domésticos. De acuerdo con datos citados en el artículo, aproximadamente el 79% de los dueños cuyos
perros tienen acceso a plantas han notado que sus mascotas las comen. Además,
una encuesta en línea a más de 1.500 dueños demostró que el 68% de los perros
pastorean diariamente o semanalmente, y el pasto es, por lejos, la planta más
consumida. Esta frecuencia sugiere que,
para los perros, el pasto representa una opción alimentaria más, no una señal
de malestar.
La profesora Melissa Bain, de la Universidad de
California, Davis, ofrece su experiencia clínica: asegura que su propio perro disfruta del pasto a diario y que suele
preferirlo tras el corte de césped, lo que refuerza la idea de que se trata de
un gusto y no de un síntoma.
Varias investigaciones han intentado determinar si la ingesta de pasto está vinculada a problemas de salud en los perros. Un estudio realizado en 2008 por la Universidad de California, Davis, analizó la frecuencia de este comportamiento y su posible relación con síntomas gastrointestinales. Los resultados mostraron que sólo alrededor del 9% de los perros parecían estar enfermos antes de comer pasto y únicamente cerca del 22% vomitaban regularmente después. Además, el tipo de dieta -ya fuera comida cruda, croquetas o régimen vegetariano- no influía en la tendencia a comer pasto.
Estos hallazgos indican que la mayoría de los perros no experimenta malestar antes de comer pasto ni usa esta práctica como método para purgarse. La relación entre el consumo de pasto y el vómito suele observarse cuando el animal ya presentaba signos de enfermedad antes de comer, por lo que el vómito aparece como una consecuencia y no como el objetivo de la ingesta.
Al analizar las razones detrás de este
comportamiento, los investigadores han descartado que se trate de una necesidad
nutricional insatisfecha. La profesora
Bain señala que no existe evidencia que respalde la teoría de que los perros
comen pasto para suplir carencias en su dieta. En cambio, la explicación
más aceptada es que los perros disfrutan el sabor y la textura del pasto,
especialmente el que es fresco y de tallo largo.
El
profesor Carlo Siracusa, de la Universidad de Pensilvania, coincide en que la
mayoría de los perros come pasto porque lo considera una golosina. Los testimonios de los dueños y la
observación del comportamiento canino refuerzan esta interpretación.
El origen evolutivo del gusto por el pasto se mantiene como una incógnita, aunque existen hipótesis que lo vinculan con comportamientos heredados de los caninos salvajes. La investigación de 2008 sugiere que el pastoreo podría ser un comportamiento instintivo, útil en la naturaleza para arrastrar y eliminar parásitos intestinales mediante las fibras vegetales.
La profesora Bain respalda esta idea al señalar que los excrementos de caninos salvajes suelen contener hebras largas de plantas, a veces entrelazadas con parásitos. Sin embargo, aclara que esto no constituye una prueba definitiva de la función purgativa del pasto en la actualidad, especialmente porque muchos perros domésticos reciben medicación regular contra parásitos y aun así mantienen el hábito de comer pasto.
El
consumo de pasto raramente representa un riesgo para la salud canina, pero
existen excepciones. La
profesora Bain advierte que el problema surge si el comportamiento se vuelve
compulsivo, al punto de provocar obstrucciones intestinales. En tanto, el profesor Siracusa ha observado casos en
perros ansiosos, aunque aclara que no son la norma. En casi treinta años de
práctica, Bain solo recuerda un caso verdaderamente compulsivo, en el que el animal comía de forma obsesiva
todo tipo de objetos, no solo plantas.
El patrón a observar es este: si el perro come pasto de forma constante,
parece enfermo antes de hacerlo o vomita de manera recurrente después, se
recomienda consultar al veterinario, ya que podría haber un problema
subyacente en el aparato digestivo. Para la mayoría de los dueños, la recomendación es mantener la calma: no
suele haber motivo de preocupación si el perro come pasto ocasionalmente y no
presenta síntomas de enfermedad. Sin embargo, se aconseja evitar que el
animal tenga acceso a pasto tratado con productos químicos o a plantas tóxicas,
para reducir cualquier riesgo asociado.
Como resumen práctico, el profesor Siracusa asegura que, salvo casos excepcionales, el pasto es simplemente el primer tentempié del día para muchos perros, y la mejor respuesta es la observación atenta y el sentido común.