

En las últimas horas, el CONICET y la Sociedad Argentina de Neurodesarrollo y Trastornos Asociados (SANyTA) firmaron un convenio para impulsar actividades científicas, académicas y de formación sobre neurodesarrollo y Trastorno del Espectro Autista (TEA). El lugar de trabajo para las tareas previstas será la Planta Piloto de Ingeniería Química, la PLAPIQUI, un instituto de investigación y desarrollo de doble dependencia entre la Universidad Nacional del Sur y el CONICET, ubicado en nuestra ciudad.
El plan de trabajo contempla actualizar la
bibliografía científica, brindar formación profesional y de posgrado,
participar en eventos científicos y elaborar publicaciones. También prevé
armar grupos de estudio y tareas de asesoramiento científico. María Luján Ferreira, doctora en Química e
investigadora del CONICET en la PLAPIQUI que desde hace muchos años vive en Bahía,
será la representante técnica del organismo. En SANyTA ocupa ese lugar su
presidente, el médico Nicolás Loyacono.
El acuerdo se apoya en un trabajo conjunto
previo de investigadores, profesionales sanitarios y familias de personas con
TEA. De ese vínculo nació el Modelo Integrador Avanzado (MIA), que propone
un abordaje interdisciplinario y personalizado del neurodesarrollo. Considera factores biológicos,
psicológicos, sociales y nutricionales, además de que la persona pueda tener
otras dificultades de salud.

Ferreira
se sumó a esta línea de trabajo a principios de los años 2000, tras el
diagnóstico de autismo de su hijo: “Como
investigadora del CONICET, consideré que era importante contribuir desde el
conocimiento científico. Necesitaba encontrar una forma de entender el
diagnóstico fundamentada en evidencia de alta calidad, pero también era clave encontrar profesionales médicos y no médicos que
comprendieran la magnitud del problema”, explicó.
Junto con otras familias y profesionales,
entre ellos Loyacono, María Daniela Gerbi y Diego Artigas, impulsó el equipo
TEA-Enfoque Integrador, que empezó a organizarse entre 2011 y 2012. SANyTA
también tiene un acuerdo firmado en mayo de 2026 con la Facultad de Medicina de
la UBA y, más tarde, selló un convenio
de cooperación con la Universidad Nacional del Sur (UNS).
Loyacono planteó como desafíos fortalecer la evidencia científica con nuevas investigaciones clínicas y seguir formando profesionales. Ferreira, por su parte, manifestó: “Me gustaría que este modelo contribuya a mejorar la calidad y la expectativa de vida de las personas con diagnóstico de TEA y sus familias”, completó la profesional.




