

Ver el mundo con nitidez es un privilegio que rara vez
cuestionamos, hasta que algo lo pone en riesgo. Los ojos, aunque resistentes,
pueden ser mucho más vulnerables de lo que imaginamos frente a hábitos que
consideramos inofensivos o incluso necesarios para nuestra rutina. En la era de
las pantallas, los estímulos constantes y el ritmo acelerado, la mirada se
enfrenta a desafíos que pasan desapercibidos para la mayoría.
Este alerta surge de voces autorizadas en el campo de la
salud visual. Harvard Medical School, la Universidad Estatal de Ohio, la
Universidad de la Salud Ocular de Illinois y otros referentes internacionales
han identificado, a través de investigaciones recientes, una serie de
costumbres cotidianas que ponen en jaque el bienestar ocular a largo plazo.
Frotarse los ojos puede debilitar la córnea y propiciar el
queratocono, una patología progresiva que puede requerir trasplante, según
Phillip Yuhas, profesor adjunto de la Facultad de Optometría de la Universidad
Estatal de Ohio.
No usar lentes de sol, ya que la radiación ultravioleta
incrementa el riesgo de cáncer de párpados, cataratas y daño en la mácula. Las
gafas homologadas con filtro “UV400” son imprescindibles todo el año —incluso
en invierno— por la reflexión de luz sobre superficies como la nieve, elevando
la posibilidad de lesiones oculares graves.
Dormir con los lentes de contacto puestos, ya que mantener
las lentillas durante el sueño facilita infecciones potencialmente severas,
advirtió Gina Yu, portavoz clínica de la Academia Estadounidense de
Oftalmología.