Por Juan Pablo Fernández Funes (@juampi_ff)
Pocas veces nos detenemos a pensar de dónde viene lo que consumimos. Una botella de cerveza en Berlín, Nueva York o Shanghái parece una historia que empieza en la góndola… pero en realidad empezó mucho antes, en el campo argentino.
Detrás de esa cerveza está el trabajo de miles de productores. Argentina produce anualmente entre 4 y 5 millones de toneladas de cebada, lo que nos ubica entre los principales exportadores mundiales de grano y malta. La mayor parte se concentra en la región pampeana, con epicentro en el sur bonaerense.
Sin embargo, nuestro potencial es todavía mucho mayor: podríamos duplicar esa producción si resolviéramos desafíos estructurales que hoy frenan el crecimiento. Entre ellos se destacan la falta de previsibilidad en las reglas de juego, los altos costos logísticos y una menor inversión en innovación tecnológica respecto de competidores como Australia o la Unión Europea.
Una de cada cuatro cervezas que produce AB InBev, el grupo cervecero más grande del mundo, está hecha con cebada argentina. Millones de personas levantan un vaso sin saber que están brindando con el esfuerzo, el conocimiento y la calidad de nuestros productores.
Tuve la oportunidad de participar en un día de campo organizado por Cervecería y Maltería Quilmes en Tres Arroyos y allí vi de cerca esa pasión. Productores compartiendo experiencias, profesionales transmitiendo conocimiento, y todos enfocados en un mismo objetivo: aprender, innovar y alcanzar el mejor rendimiento. Esa escena resume muy bien lo que somos capaces de hacer cuando trabajamos juntos: transformar el campo en futuro.
Cuando hablamos de exportaciones, el complejo cebada-malta-cerveza exporta y genera divisas por 1.500 millones de dólares por año; siendo el décimo complejo exportador del país y segundo de mayor crecimiento de los últimos años. Solo por nombrar un caso, Cervecería y Maltería Quilmes representa casi 500 millones de ese total.
El productor no solo cultiva: abre mercados, genera divisas, siembra prestigio. Cada grano de cebada que germina acá es una muestra de lo que Argentina puede aportar: calidad reconocida, trabajo silencioso y la certeza de que, cuando se nos da la oportunidad, estamos a la altura de los más altos estándares globales.
Por eso, cada vez que una cerveza cruza nuestras fronteras, también viaja un mensaje: Argentina produce, Argentina puede, Argentina está presente en la mesa del mundo. Del campo a las góndolas globales, hay una cadena de valor que ya funciona y que puede crecer mucho más. Y en ese trayecto, el productor argentino es siempre el primer eslabón de una historia que nos conecta con el mundo.