

Los CAPTCHA, esas pruebas que aparecen en muchas páginas para demostrar que somos humanos y no bots en internet, son parte, desde hace años, de nuestra rutina digital. Los encontramos en infinitas páginas web, antes de registrarnos en un sitio o cuando completamos algún formulario online.
Marcar en la casilla que indica “No soy un robot”, identificar semáforos en un grupo de fotos o escribir un texto distorsionado suele ser una acción automática que ya tenemos incorporada cuando navegamos. Pero ahora, esa costumbre es aprovechada por ciberdelincuentes para instalar malware con un solo click.
El objetivo de este verdadero ataque es que el usuario realice una acción mínima, como presionar una tecla o ejecutar un comando, que abra la puerta a programas maliciosos capaces de robar datos, secuestrar equipos o incluso espiar la actividad de la víctima.

Esta técnica, conocida como ClickFix, se convirtió en una de las más usadas por los ciberdelincuentes. A través de estos falsos formularios se propagan infostealers (malware que roba credenciales y archivos), troyanos de acceso remoto, ransomware y hasta mineros de criptomonedas. Hasta en algunos casos, las campañas se vincularon a grupos criminales patrocinados por Estados.
La diferencia está en lo que piden. Mientras un CAPTCHA legítimo solicita identificar imágenes o tipear texto, las versiones falsas pueden requerir acciones extrañas, como por ejemplo:
Hacer click en un enlace que lleva a otro sitio.
Presionar la combinación Windows + R.
Pegar un comando oculto y ejecutarlo.
Detrás de esos pasos se activan herramientas legítimas de Windows, como PowerShell, que descargan silenciosamente el malware desde servidores externos.
