

Cuando un perro muerde con fuerza su correa
algunos dueños lo perciben como un acto desafiante, pero el veterinario Enzo Roubaud aclaró que se trata de algo muy
distinto: “Lo hacen para gestionar su nivel de activación emocional”.
En ese momento, el animal no se está rebelando contra la autoridad de la persona que
convive con él, sino que manifiesta un estado de alteración fuerte que se relaciona con un momento particular
del día o algo que está pasando en la casa.
En un posteo que hizo en su cuenta de Instagram
@dr.roubaud, el experto explicó que esta
actitud de los perros no es desobediencia ni una forma de enfrentarse a su amo,
sino que se debe a la influencia de fuertes emociones que está experimentando.
Citó
como ejemplo lo que pasa antes o durante el paseo, cuando es frecuente que los
perros muerdan, agarren o incluso sacudan la correa con la boca de un modo muy
frenético. Roubaud señaló que
esto es una herramienta que tienen para gestionar su nivel de activación
emocional: “Es una conducta
absolutamente normal y no hay que retarlos”, explicó.
La activación emocional es el grado de
excitación o intensidad fuerte que les provoca a los perros una situación
determinada, como puede ser el paseo diario. El animal reconoce determinados movimientos, ruidos o rutinas que
asocia con la salida y va aumentando su entusiasmo.
La reacción inmediata es empezar a morder la correa, ladrar o dar saltos, dependiendo del tamaño, la raza o los estímulos recibidos. Si hay otros animales cerca o ruidos fuertes, el animal puede intensificar su reacción.

Al agarrar la correa con la boca el perro va canalizando su excitación y normalizando su ánimo para poder salir más calmo. No se trata de una confrontación con el humano, sino una respuesta instintiva a una situación emocional que lo altera.
El entusiasmo es una de las principales causas
de esta reacción de los perros. Salir a
pasear es uno de los momentos más estimulantes del día, algo que esperan
ansiosamente. La posibilidad de recorrer nuevos espacios, olfatear,
encontrarse con otros animales y recibir
múltiples estímulos sensoriales es algo que les aumenta sus niveles de
excitación. Y el perro necesita canalizarlos.
Roubaud
hizo hincapié en que mordiendo la correa el perro descarga toda la energía
acumulada y libera estrés. En
esa instancia es importante no retarlo ni amedrentarlo, sino darle compañía en
calma y ayudar a que se restablezca.
No obstante, el especialista indicó que esta actitud no siempre se relaciona con el
entusiasmo, ya que la frustración y la ansiedad extrema también pueden
provocarla. Si el perro no puede controlar una situación que lo molesta es
posible que muerda la correa en reclamo de atención.
Por eso es clave analizar el contexto para
encontrar la razón justa de la actitud del perro. Si se debe a una tensión incontrolable es posible que se pueda darle
una solución. En algunos casos, lo que está reclamando es que se le renueve
el plato de comida, se corte una fuente
de ruido intenso o se restablezca una rutina a la que está acostumbrado y se
alteró.
Si se logra diferenciar las causas de la
actitud del animal, la respuesta será
más apropiada y ayudará a equilibrar las emociones para que no haya ningún daño
ni el perro se autolesione.
Otro aspecto importante que resaltó el veterinario es que cada perro tiene sus propias características. La edad, el temperamento, las experiencias previas y las condiciones en las que se realiza el paseo influyen directamente en sus respuestas ante los estímulos que recibe. Hay animales más propensos a morder la correa como un simple juego y otros que lo usan como gestión de nivel de actividad emocional.

