

Un
allanamiento de morada ocurrido a comienzos de septiembre en el barrio de
Sherman Heights, en San Diego, Estados Unidos, ha dejado una insólita escena grabada por las cámaras de seguridad de
una vivienda: Nash, un golden retriever
de cuatro años, se acercó en varias ocasiones al hombre que había entrado en la
casa llevando juguetes en la boca.
El episodio tuvo lugar el 5 de septiembre. Dante Rowley y su prometida, Stephanie
Calderon, se encontraban regresando de un viaje desde Chicago cuando recibieron
una alerta de su sistema de seguridad. A través de las cámaras observaron
cómo un hombre utilizaba una escalera para alcanzar una ventana del segundo
piso que había quedado entreabierta.
El
intruso permaneció dentro de la vivienda mientras los propietarios observaban
lo ocurrido prácticamente en tiempo real. Según las imágenes y el relato de Rowley, el hombre se quitó la camiseta y los zapatos, tomó comida de la
heladera (entre ella, yogurt, pavo y queso) y llegó a acostarse para descansar.
En
medio de la situación apareció Nash. Las cámaras muestran al perro acercándose repetidamente al hombre con
distintos juguetes. En una de las
secuencias, el golden retriever permanece junto al intruso con un juguete en la
boca, aparentemente buscando su atención. El hombre, sin embargo, no llegó
a jugar con él.
Desde el avión, Rowley avisó a la Policía de San Diego y facilitó a los agentes acceso
a las imágenes en directo. La policía llegó al domicilio, utilizó un dron para inspeccionar el
interior y acabó deteniendo al sospechoso en el exterior de la vivienda después
de que intentara escapar. La prensa local lo identificó como John Cline, de 57 años, detenido bajo
sospecha de robo en un allanamiento.
La
historia ha adquirido una dimensión viral por la peculiar reacción de Nash. Pero el comportamiento del perro admite una
interpretación más cautelosa que la de una simple invitación al juego. Expertos
consultados por The New York Times
señalaron que esconderse, jadear o
llevar un juguete pueden aparecer también en situaciones de estrés, y que
incluso el movimiento de la cola no
demuestra por sí solo que un perro esté contento o quiera jugar.
