

La
previa del partido entre la Selección Argentina e Inglaterra en las semifinales
del Mundial 2026 tiene un matiz familiar inesperado. Valentina Cervantes, pareja de Enzo
Fernández, explicó por qué sus hijos
tienen prohibido sumarse a los cánticos tradicionales contra el equipo inglés.
La decisión responde a motivos personales, ligados a la historia reciente de la
familia y a la identidad de sus hijos, quienes
tienen una relación directa con el país europeo.
La
frase “el que no salta es un inglés” suele escucharse en las tribunas
argentinas durante los cruces futbolísticos con Inglaterra, cargando con décadas de rivalidad deportiva e
histórica. Sin embargo, para la familia
de Enzo Fernández, quien brilla en el Chelsea, la situación es diferente.
Valentina lo resumió en una entrevista: “A
mí me pasa que Benja, mi hijo, nació allá así que no lo dejamos saltar tampoco”.
La referencia a su hijo menor, nacido en territorio británico, evidencia cómo el contexto personal puede
modificar la vivencia de una tradición futbolera.
Olivia, la mayor, también se encuentra en la
misma situación: “Olivia también. Ella
dice ‘es donde yo vivo’. Son niños y lo hablan de un lado inocente, así que
para ellos también es raro”, explicó. Este enfoque familiar se aleja de
cualquier animosidad, priorizando el bienestar y la identidad de los niños por
encima de la costumbre futbolística. Para
la familia Fernández-Cervantes, la conexión con Inglaterra va más allá de la
competencia deportiva, ya que constituye su lugar de residencia desde hace tres
años.
La residencia prolongada en Inglaterra tuvo un peso determinante en la postura familiar. Valentina remarcó la ausencia de resentimiento y la integración que experimentan en su día a día: “Inglaterra es el lugar en donde vivimos desde hace tres años. Va a ser un encuentro muy lindo”, señaló, alejándose de cualquier polémica previa al encuentro. Cuando el cronista le preguntó si existía algún tipo de enemistad, Cervantes fue tajante: “No, cero. También es un país que a nosotros nos dio mucho”.

De esta manera, la percepción del clásico adquiere matices diferentes cuando el adversario forma parte de la cotidianeidad familiar y del entorno en el que crecen los hijos. Cervantes dejó en claro que la decisión de no alentar con cánticos ofensivos no responde a una imposición externa, sino a la realidad de una familia que encontró en Inglaterra un hogar.
La
vida familiar y la carrera profesional de Enzo Fernández se cruzan en eventos
cargados de emoción, como fue
el reencuentro entre Valentina y el mediocampista tras la victoria de la Selección
sobre Egipto en Atlanta, que selló el pase a cuartos de final. La influencer
relató cómo fue ese momento en el vestuario: “Estaba muy feliz él. Compartimos un rato juntos y le dije que estaba
muy orgullosa”. La emoción de volverse a ver se mezcló con la alegría por
el desempeño del jugador, quien marcó el
gol definitivo en la remontada del equipo dirigido por Lionel Scaloni.
El relato de Valentina aporta una mirada íntima
sobre la trastienda de los grandes partidos: la familia, lejos de ser solo espectadora, participa activamente de las
emociones que transitan los futbolistas. La influencer destacó la confianza
mantenida durante el partido contra Egipto, a pesar de las dificultades: “Creo que nunca terminamos de perder las esperanzas
y que la fe sigue intacta para seguir pasando. Toda la gente tira para el mismo
lado”, expresó.
Ser pareja de un futbolista de élite durante un Mundial implica una carga emocional particular. Valentina describió la experiencia de vivir cada partido desde ese lugar: “Todo el mundo sufre, pero creo que siendo familia es peor. Todos los argentinos estamos unidos una vez más con el mismo objetivo”. La presión, la ansiedad y la alegría se potencian en el círculo íntimo, donde la distancia entre la tribuna y el campo de juego se acorta por el lazo afectivo.
