

Tener
un perro como mascota implica mucho más que alimentarlo o sacarlo a la calle un
par de veces al día. En este
marco, el adiestrador canino Hugo
Fernández advirtió que la mayoría de las rutinas urbanas no alcanzan para
cubrir las necesidades reales de los animales y pueden terminar
perjudicando su bienestar.
En una entrevista en el pódcast “Seres
Mortales”, Fernández fue tajante: “Pensar
que un perro con 20 minutos de paseo dando vueltas a la manzana puede estar
satisfecho o que pueda tener las necesidades cubiertas, es criminal”. Para
el especialista, el ritmo de las ciudades
y la falta de tiempo llevan a que los dueños adapten al perro a su agenda,
en vez de entender qué necesita realmente el animal.
Según Fernández, el principal error es forzar a los perros a una rutina urbana acelerada, con paseos cortos y poca estimulación: “El error más grande que cometen los dueños con sus perros es embutirlos en un entorno urbano con ritmos frenéticos”, sostuvo.

El educador explicó que la falta de ejercicio y estímulos no desaparece, sino que se acumula y puede explotar en cualquier momento. “Es una bomba de relojería que tarde o temprano sale en el comportamiento o en problemas físicos. Muchos perros se enferman por estar mal a nivel emocional”, advirtió.
Fernández
también criticó la tendencia creciente a humanizar a los perros, ya sea vestirlos, hablarles como a niños o
tratarlos como personas. “Respetar su
naturaleza y su función es clave para su bienestar”, remarcó. El educador insistió en que el lenguaje
canino es mucho más complejo de lo que solemos asumir y que entenderlo
requiere dejar de proyectar en el animal cosas que no le corresponden.
Además, recordó que no todos los perros son
iguales. Por lo que, la raza, la
genética y el entorno familiar influyen en el nivel de actividad y las
necesidades de cada animal. “Hay razas que no son cinéticas y prefieren
quedarse en casa, y otras como galgos, bracos o perros de caza que necesitan
explorar y moverse. Tenerlos atados en
una terraza es matarlos en vida”, ejemplificó.
Para Fernández, elegir un perro no puede ser un impulso ni una moda pasajera. La decisión debe estar basada en el estilo de vida de quien lo adopta y en la responsabilidad de dedicarle tiempo y recursos durante años, no solo en la etapa de cachorro.
