

"El primer día fui a ver el refugio pensando que iba a Disney y me encontré con una guerra". A casi dos décadas de aquella experiencia, Mónica Herrero todavía recuerda con mucho dolor lo que vio en el predio ubicado sobre la Ruta Nacional 3, a la altura del kilómetro 695, donde funcionó uno de los refugios de perros más grandes de Bahía Blanca.
Según relató, en
el lugar convivían alrededor de 500
animales en condiciones extremas. "Había un patio adelante y tiraban
cajas con cachorros por un paredón. Había gatos encerrados, caniles y dentro de
una casa estaban los accidentados. Existían todas las enfermedades que se te
ocurran", contó.

Herrero explicó
que muchos socios creían que, por pagar una cuota, la entidad debía responder a
cualquier hora para retirar perros abandonados de la vía pública. Mientras
tanto, el refugio seguía recibiendo cientos de animales. "Compraban en la
fábrica Manera los fideos que se caían de las máquinas y se cocinaban para
todos los animales", recordó.

Sin embargo, la
situación era cada vez más difícil. "Jamás
vi animales tan mal. Vimos cosas horribles, indescriptibles. Cuando subía la
marea, algunos se ahogaban", afirmó.
Fue entonces
cuando después de ponerse de acuerdo con otras proteccionistas que decidieron
dejar de recibir animales y comenzar un proceso de cierre del refugio. "Empezamos a tratar de dar los perros en
adopción. Muchos, lamentablemente, fallecieron", señaló.
Para Herrero, la
experiencia dejó una enseñanza que hoy intenta transmitir a las nuevas
generaciones de proteccionistas. "Hay
una nueva camada de jóvenes que piensa que el refugio es una buena oportunidad,
y la realidad es que eso no es verdad. Los refugios son campos de
concentración; no funcionaron en ningún lugar del mundo", sostuvo.

También recordó
que en 2007 el Municipio otorgaba un subsidio para el funcionamiento del
predio, aunque consideró que "nunca
se le dio una importancia real a los animales".
Años después, el
debate sigue vigente: ¿deben volver los
refugios o es necesario apostar a otros modelos basados en la castración, los
hogares de tránsito y la adopción responsable? La historia del predio de la
Ruta 3 reabre una discusión que atraviesa al proteccionismo animal bahiense
hasta la actualidad.
