

Entre las películas de terror más esperadas de este año se encontraba Backrooms, que llegó días atrás a los cines y está generando todo tipo de reacciones por parte de los fanáticos del género. El film es de A24, productora que garantiza que nos encontremos con una película de gran delicadeza estética, en general protagonizada por actores y actrices que no pertenecen al género y con tintes de cine alternativo.
Todo esto se cumple en Backrooms, la ópera prima de Kane Parsons, que nació como resultado de un creepypasta —las leyendas o relatos de terror que surgen en internet— y se convirtió en una serie de YouTube. En un contexto en el que las productoras de terror han posado el ojo sobre los creadores de contenido de internet, la idea de Parsons, inspirada por la fotografía de un espacio liminal, era un tiro asegurado.
Por eso, desde A24 apostaron con todo y ficharon a dos actores más que consagrados del cine actual, Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve, para interpretar a paciente y psicóloga dentro de una historia repleta de confusiones, asuntos que no se esclarecen y juegos mentales.
Backrooms es una película que explota todas las posibilidades del lenguaje audiovisual y esta es su característica más potente. La intriga y la confusión de los personajes se inflan paulatinamente, pero no llegan a alcanzar el clímax que le correspondería a tal crescendo. De todos modos, estamos ante una pieza digna de su época, inscripta dentro del Art House Horror —también con elementos del found footage—, estilizada y que responde a los postulados más clásicos del terror psicológico.